A lo lejos se alcanzaba a vislumbrar una insignificante galaxia, su luz era tan tenue y apagaba que parecía pedir a gritos desesperados por un electricista que cámbiese el aceite de la lámpara.
Mike, que nunca dudo de su instinto y menos de sus ganas de tener todo en orden, corrigió el rumbo de la nave y se fue directamente al centro del mate universo. Justo cuando estaba la nave a punto de colisionar con el epicentro de aquella monumental maravilla algo llamo su atención, en los brazos de aquella magnificencia, una pequeña estrella brillaba con toda su fuerza.
Mike sabía que debía continuar hasta el centro de la galaxia, pero su curiosidad y la incertidumbre que aquel haz de luz emanaba pudieron con su sentido común.
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