Era una noche oscura dentro de la oscuridad más profunda del universo. Las baterías rozaban el mínimo absoluto de una capacidad ya de por si mermada, y mucho, a causa de los continuos intentos por alargar su vida útil. Aquellas frases hechas como navegar sin rumbo, andar a ciegas, o buscar la luz al final del túnel no eran otra cosa que dolorosas verdades en la vida de Mike, el capitán de la nave. Sus cabellos rubios y ondulados en épocas pasadas traían locas a las muchachas, aunque tal vez esa locura tenía su base en el uniforme impecáblemente blanco que acostumbraba a pasear por los bares de mala muerte, decorado hábilmente con medallas doradas que hacían alarde de su poder y valía. Sin embargo, nada de eso le iba a ser útil en este momento. Los faros apenas iluminaban ya dos palmos al frente, una distancia humillántemente pequeña ante la inmensidad del cosmos.
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